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MANANTIAL DE VIDA - DIOS ENTRE NOSOTROS

Voluntariado de Oración

Voluntariado de Oración

 

SÚPLICAS Y VOLUNTARIADO DE ORACIÓN

 

Queridos y estimados Hermanos en Cristo Jesús.

 

Cada uno de nosotros de alguna u otra forma, en algún momento de nuestra vida, por diversos problemas y sufrimientos, nos vemos inducidos a la necesidad de orar, a clamar imperiosamente la ayuda del Padre de las Misericordias. Pero, a veces, nos sentimos muy solos.

 

Varias de estas situaciones me son enviadas por e-mail, a través de la comunicación de muchas personas, que me solicitan la oración de intercesión y que los tenga presente en mis súplicas diarias, como una forma de sentirse fortalecidos y acompañados en los difíciles momentos que están atravesando.

 

La Palabra de Dios es maravillosa en cuanto nos dice que si dos o más personas estamos reunidos en su Nombre, El estará en medio de nosotros y que escuchará nuestras súplicas, porque el que pide, recibe, el que busca, encuentra y al que golpea se le abrirá la puerta...¡En cuanto lo hicisteis con uno de estos pequeñitos, conmigo lo hicisteis!

"Entonces el Rey dirá a los que están a la derecha: Vengan, los bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estaba enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver. Entonces los buenos preguntarán: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; sediento y te dimos de beber, o forastero y te recibimos o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver? El Rey responderá: En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños que son mis hermanos, lo hicieron conmigo."(Mt 25, 34-40)

 

Asimismo, me han escrito personas que están dispuestas a dedicar diariamente, una estimable parte de su tiempo, para orar y ofrecer sacrificios por quienes estén necesitando un apoyo y un rezo fervoroso y cálido del corazón, para que así puedan sentirse continentados en difíciles trances que puedan estar experimentando.

 

Los cristianos sabemos que la oración todo lo puede, ya que es la omnipotencia del hombre y la vulnerabilidad de Dios, ya que por su infinito AMOR, jamás deja de atender lo que humildemente le solicitamos, que a veces coincide o de lo contrario nos mostrará que es lo más adecuado para cada circunstancia, teniendo igualmente inmensa alegría porque aspiraremos siempre, que en TODO se cumpla la voluntad de Dios.

 

Contamos a su vez, con la invalorable ayuda de la Mediadora por excelencia la Santísima Virgen María, Maestra de la oración de intercesión, por cuyo sincero y humilde deseo de interesarse por los demás provocó que su Hijo realizara el primer Milagro, según relata el Evangelio en las Bodas de Cana.

 

Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, permanentemente nos exhorta a todos los cristianos a que nos comprometamos y participemos en lo relacionado a los medios de comunicación e Internet no escapa a ello, con la certeza de nuestra más íntima creencia de QUE PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE, más allá de los tiempos y de las distancias.¡Dios está en medio de nosotros!

 

Esta página, entonces, ofrece dos características bien diferenciadas:

 

·        Si consideras que tu situación o la de otra persona familiar o de tu amistad, por la delicada y gravedad de la misma, (curación y sanación de enfermedades, separaciones matrimoniales, dificultades económicas y laborales, crisis de fe o cualquier otra que real y verdaderamente lo amerite) requiere la necesidad urgente y mutua del poder de la oración, rellena el primer formulario, cuyos comentarios serán enviados a otros hermanos, ofrecidos generosamente como voluntarios para orar por todas las intenciones recibidas.

 

·        Si dispones de un corazón abierto y caritativo y del tiempo suficiente para disponer de una parte de él, para orar por otras personas, hermanos en la fe y que necesitan muy y mucho de ti, rellena el segundo formulario, siéndote enviada por e-mail la súplica pertinente.

 

Tendremos la magnífica posibilidad de establecer lazos fraternos cumpliendo con los mandamientos más importantes: Amar a Dios, porque creemos y confiamos absolutamente en su poder, diciéndole que le necesitamos a través de nuestra súplica y amar a nuestros hermanos a través de todo lo que podamos hacer por ellos.

 

Mantén tu fe y abre tu corazón. Gracias por tu colaboración y que el Señor te bendiga en abundancia.

 

RECUERDA

Si el Amor de Dios ha respondido a tus súplicas, y si así lo deseas, no dejes de enviar un correo con tu valioso TESTIMONIO, el cual será un gran aliciente de fe y esperanza para todos aquellos hermanos que han orado por ti. Muchas gracias a tu generosidad.

 

FRUTOS DEL MINISTERIO DE SANACIÓN: Manantial de Vida

 

Experiencia del Amor de Cristo

El gran valor pastoral de este ministerio de sanidad consiste en la experiencia que reciben los enfermos del amor de Cristo que aparece de manera concreta en su compasión por los que sufren. Cuando uno ora al Señor por un enfermo y con él, siempre hay una manifestación de paz y alegría en él, aunque no se dé ningún cambio aparente en el estado de su salud.

Con este ministerio la gente comprende mejor la realidad de un Jesús vivo que es el mismo siempre y que ahora hace por ministerio de la Iglesia todo lo que aparece en el Evangelio.

Muchos que han oído decir frecuentemente que "Dios es amor", sienten por primera vez la realidad de ese amor paternal cuando alguien implora de Él la salud para uno de sus hijos y éste la obtiene, sea de una manera total o al menos parcial.

Hablamos mucho en teoría del amor de Dios, pero nos da miedo hablar de su experiencia. Y ¿cómo vamos a predicar con fuerza el amor de Dios si no hacemos nada para que un enfermo lo palpe?

Lo que hallo más interesante en el Ministerio de Sanación es este aspecto pastoral del encuentro real de los enfermos con el poder y el amor del Señor. Más aún, si no fuera por este aspecto, yo no hallaría mucha razón de ser en esta tarea. Mientras no se descubra este aspecto, que es primordial, no se comprenderá ni se valorará debidamente la oración por la curación de los enfermos.

Cuando leemos el Santo Evangelio, vemos cómo un endemoniado, una vez liberado por Jesús, quiere acompañarlo (Mc 5, 18). Como la suegra de Pedro, una vez curada de su calentura, inmediatamente se pone a servir a Jesús (Mc 1, 30). Era la reacción lógica de quienes habían experimentado la caridad del Señor y querían corresponder a ella con demostraciones concretas de gratitud.

 

Anestesia divina

Así llama un autor el fruto de la oración en algunos enfermos. No se curan, pero desaparecen o disminuyen los dolores. Estas personas reciben un gran alivio con la oración que se hace por su curación, y pueden alabar mucho al Señor y desempeñar sus deberes o parte de ellos.

La fuente de la sanación es el amor. Cuando nos acercamos con compasión verdadera a un enfermo él siente esa corriente de amor del Señor en su ser y los dolores disminuyen o desaparecen. Las madres saben esto por intuición y por eso con sus caricias quitan tantos dolores del cuerpo de sus pequeños enfermos.

 

Que el médico descubra la causa de la enfermedad y acierte en el tratamiento

No pocas veces esa es la respuesta de la oración que se hace por un enfermo. El Señor es el autor del hombre, de la Ciencia y de las medicinas. Cuando Él lo quiere, da su respuesta a través de estos medios naturales que deben ser tenidos por todos en alto aprecio.

Recuerdo el caso de una señorita que había estado sometida a minuciosos exámenes y a largo tratamientos sin curarse de unos cólicos muy fuertes. Al día siguiente de una oración por su salud, se hizo tomar una nueva radiografía ordenada por el especialista y éste al estudiarla descubrió inmediatamente la causa de la dolencia y dijo que nunca había visto una radiografía tan bien tomada. Casualidad dirán algunos. Respuesta amorosa del Señor decimos quienes creemos en su amor y en su Providencia adorable y paternal.

Parecido resultado de la oración es a veces el que un paciente ha rechazado una intervención quirúrgica por miedo y con distintas excusas, reciba el valor necesario para someterse a ella y ésta tenga pleno éxito.

 

Discernir que en algún caso lo prioritario es una sanación interior, no corporal

Puesto que más del 80% de las enfermedades son psicosomáticas, hay que buscar ante todo, la sanación interior de la causa que origina la dolencia corporal. Para conocer esto en casos especiales se necesita más claridad y ésta es el fruto de la oración.

En el ejercicio de este Ministerio aparece a cada paso la acción maravillosa del Espíritu de verdad que conduce sabiamente a quienes confían sobre todo en su luz y en su amor.

Con el carisma del discernimiento se consigue en determinados momentos la claridad que, de manera distinta, no habría aparecido.

Sobra advertir que en estos casos habrá que orar primero por la sanación interior y dejar la física para el segundo lugar.

También aparecerá a veces que hay en el enfermo resentimientos profundos y falta de perdón y que a causa de esto no es escuchada su oración por la curación. Con esta visión se procede entonces a pedir al Señor su amor para con él poder perdonar y suprimir así él obstáculo.

 

Liberación de un hábito nocivo

Muchas enfermedades pulmonares, gástricas, bronquiales, etc. son el resultado del exceso en el uso del cigarrillo, el alcohol, la droga, etc.

Las personas son prisioneras de esos hábitos y se sienten incapaces de dejarlos. Será inútil orar por la sanación de tales enfermedades mientras subsista la causa de ellas.

La oración en estos casos tiene que buscar, ante todo, la liberación de esa adicción o de ese hábito. Y se consigue cuando se ora con fe y perseverancia y cuando el enfermo añade a la oración humilde el deseo sincero de corregirse y toma para ello las medidas que estén a su alcance. Quizás no nos hemos detenido a reflexionar sobre la necesidad y sobre las posibilidades de esta clase de oración.

Quienes tienen experiencia en esta clase de oración pueden aportar experiencias admirables. Lo que sucede es que frente a nuestra voluntad débil e inconstante tenemos el poder del Espíritu, pero contamos muy poco con él. Su acción quiere llegar a todas las áreas de nuestra persona y una de las más importantes es la de nuestra voluntad tan debilitada por el pecado y por los malos hábitos. Aprendamos a iniciar muchas de nuestras oraciones con el lenguaje de la Iglesia: "Señor, fuerza de los que en ti esperan...".

 

Visión para organizar mejor la vida y tener así mejor salud

La causa de malestares y aún enfermedades en muchos es la falta de organización y orden en el desenvolvimiento de sus ocupaciones y de la debida distribución del tiempo. Aún muchos apóstoles sucumben pronto agobiados por el trabajo debido a esta circunstancia.

Hay personas que se encuentran en situaciones más difíciles y que exigen de ellas un trabajo agobiador. Otras se entregan sin necesidad a un activismo exagerado, expresión a veces de situaciones psicológicas anormales. Unos creen falsamente que a Dios le agrada únicamente el trabajo y que el descanso es, al menos, imperfecto.

Otros son incapaces de decir no y se entregan al servicio hasta quedar extenuados e incapacitados durante un tiempo para continuar ayudando a los demás con su ministerio. No pocos creen que tienen que llevar sobre sus hombros todo el peso de la humanidad y pronto caen sin fuerzas.

La oración, la docilidad al Espíritu que muchas veces nos habla a través de personas y de acontecimientos, pueden darnos la luz oportuna para distribuir mejor el tiempo, para actuar de esta o de aquella manera y para proceder en cada circunstancia como el Señor quiere que lo hagamos.

Somos seres racionales y el Señor quiere que obremos como tales. Él nos da su luz para ver con claridad: si se la pedimos con humildad y con confianza de hijos.

 

Solución de un problema que influye en nuestra salud

Las preocupaciones y los problemas cuando son graves y persistentes nos ponen tensos y terminan por afectar nuestra salud. Mientras no encontremos la solución adecuada o mientras no obtengamos la paz y la fuerza del Señor para llevar la cruz con tranquilidad, no sanaremos físicamente, sino que el mal crecerá.

La oración consigue esta gracia y nos sana indirectamente. Aprendemos cuando oramos a "lanzar nuestras preocupaciones en el Corazón amorosísimo del Señor y Él nos reconforta". Entendemos entonces el valor de la palabra de Dios cuando nos dice: "Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará" (Salmo 36).

"Confiad al Señor todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros" (1 Pe 5, 7)

"Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida" (Mt 6, 25).

Cuando la oración por sanación consiga la paz, la confianza en el Señor y la seguridad en su amor, entonces vendrá la recuperación corporal como resultado necesario.

En los Grupos de Oración encuentran muchos la solución de diversos problemas que los tienen agobiados y enfermos, pues la oración unánime de varios tiene una fuerza especial delante del Señor y consigue más de lo que creemos.

 

Mejoría progresiva

En muchos casos, principalmente cuando se trata de enfermedades graves o crónicas, el fruto de la oración no es la curación total e inmediata, sino el comienzo de una recuperación que avanzará en la medida en que perseveremos en la oración. Esta mejoría, más o menos apreciable, es la primera respuesta del señor y encierra una invitación a perseverar en la oración.

La paciencia y la fidelidad en la oración son necesarios en este ministerio de curación. Quienes deseen conseguir efectos inmediatos y extraordinarios sufrirán muy pronto una gran decepción.

Debemos creer en el amor y en el poder del Señor, pero también en su sabiduría que conoce qué es lo que más conviene a su gloria y a la persona por quien oramos. Él es el señor y nosotros somos sus siervos.

Entre las causas que explican el lento proceso de la curación que aparece frecuentemente está nuestra debilidad y limitación como instrumentos del Señor. Esto debemos admitirlo con humildad, pero sin angustia. Podemos estrechar nuestra unión con Jesús y recibir más poder de su Espíritu, así nuestro ministerio tendrá más eficacia.

 

Curación inmediata y total

En este ministerio de sanación encontramos casos verdaderamente admirables y aún extraordinarios. El Señor obra a veces a través de nosotros de una manera especial, sea por la gran fe del enfermo, sea por la mucha oración que se ha efectuado, o porque en un caso particular quiere demostrar de manera más patente su amor y su poder infinitos.

Cuando empezamos a orar por un enfermo, nunca sabemos qué le acontecerá. Este ministerio está lleno de misterios y también de sorpresas. Estamos viendo cómo actualmente aparecen curaciones inmediatas de graves enfermedades como cáncer, leucemia, soplos cardíacos, asmas, etc...

Esto aparece muy claro para quien tiene fe en el poder y en el amor del Señor y está convencido de que Él es el Amo de la vida y de la muerte y que "se le ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra" (Mat 28, 18)

Al orar por los enfermos entreguémonos con humildad y confianza a la acción del Espíritu y dejemos que Él actúe en cada caso como quiera. A nosotros nos corresponde solamente orar. El resultado depende del Señor. Suyo es el Reino, suyo el poder y la gloria.

 

Fortalecimiento mental y físico

Fruto también del ministerio de oración por sanación es recibir más salud mental y corporal, lo mismo que la conservación de la misma. En la oración que recita el sacerdote antes de comulgar pide que el cuerpo y la sangre de Cristo que va a recibir le sirvan de "defensa para el alma y el cuerpo" y se conviertan en remedio de salvación.

Agnes Sanford, en su libro Healing Light aconseja que nos pongamos en oración y le pidamos al Señor que su vida recorra cada parte de nuestro organismo, la reanime, la fortalezca y la sane si está enferma. Esta súplica estará acompañada de una visualización de la acción del Señor en cada parte del cuerpo y de una profunda acción de gracias por el amor infinito que nos tiene.

Nuestra oración tiene que pedir, antes de todo, la santificación y el crecimiento espiritual, pero debe incluir también nuestra fortaleza y salud corporales que constituyen también un gran bien y deben ser tenidas en alta estima.

 

Nunca sabemos cuál va a ser la respuesta del Señor a nuestra oración.

De lo que sí estamos seguros es de que la única oración que se pierde es la que no se hace.

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 comentario

Josefina -

Hola, Dios le bendiga, navegando por internet en busca de mi crecimiento espiritual, llegue a su página, he leído varios de sus artículos y me han gustado mucho, incluyendo este , me gusta mucho que mencionan las citas de la Biblia en la que se basa su articulo, pero solo quería comentarles y sin animo de ofender o de entrar en controversia, ya que yo tambien tomo como referencia la palabra del Señor que dice que hay que orar los unos por los otros, pero el único intermediario entre Dios y nosotros es su hijo amado, nuestro Señor Jesucristo nadie llega al padre sino es por el ( Juan 14:6 ) y el es el único que merece nuestra adoración , nuestra veneración y nuestra alabanza. El es el único mediador entre Dios y los hombres ( 1Timoteo 2:5,6) y el fue el único que sufrió, padeció y derramo su preciosisima sangre por nosotros y si le otorgamos el lugar de intersesor (a) a otro(a), entonces estaríamos haciendo a un lado el sacrificio que Cristo vino a hacer por nosotros .
Como le mencione no quiero hacer controversia ni ofender a nadie con mi comentario, simplemente quiero que lo medite y se deje guiar por el espíritu santo que es el que nos ayuda a discernir ......Siga adelante con su ministerio y que Dios le siga dando sabiduría espiritual.....Que Dios le siga bendiciendo .
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