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MANANTIAL DE VIDA -SHEKINA

Vida Espiritual

Reflexión:

Esa viuda”, continuó Francisco, “depositó en el tesoro del templo dos monedas, todo lo que tenía, hace su ofrenda tratando de pasar desapercibida, casi avergonzándose. Pero justamente en esa humildad ella cumple un alto encargo de gran significado religioso y espiritual”.

Aquel gesto de la viuda, “lleno de sacrificio no escapa a la mirada atenta de Jesús que, incluso en él, ve brillar la entrega completa de uno mismo en la cual quiere educar a sus discípulos”.

“La enseñanza que hoy Jesús nos ofrece nos ayuda a recuperar aquello que es esencial en nuestra vida, y que favorece una concreta y cotidiana relación con Dios. Las medidas del Señor son diferentes de las nuestras. Él mide de forma diferente a como lo hacen las personas y sus gestos. Así, no mide la cantidad, sino la calidad, escruta el corazón y mira la pureza de las intenciones”.

Esto significa que “nuestro ‘dar’ a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería siempre refugiarse del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y ser expresión de gratuidad”.

En este sentido, recordó que esa misma actitud de gratuidad es la que tuvo “Jesús con nosotros. Nos ha salvado gratuitamente, no nos ha hecho pagar la rendición. Y nosotros debemos hacer las cosas con expresión de agradecimiento”.

Es por ese motivo por el que “Jesús señala a la viuda pobre y generosa como modelo de vida cristiana a imitar. De ella no sabemos el nombre, aunque conocemos, sin embargo, su corazón, y es eso lo que cuenta delante de Dios”.

“Cuando somos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estemos demasiado interesados en la mirada de los demás, pensemos en aquella mujer. Nos hará bien: nos ayudará a despojarnos de los superfluo y dedicarnos a aquello que cuenta verdaderamente, y a permanecer humildes”.

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